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Tremendo poema de Luis Rosales

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PORQUE TODO ES IGUAL Y TÚ LO SABES


has llegado a tu casa y has cerrado la puerta
con aquel mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario

cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz, para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas, como estarán dentro de un año,
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.

Luis Rosales

Luis Rosales Camacho (Granada, 31 de mayo de 1910 – Madrid, 24 de octubre de 1992) fue un poeta y ensayista español de la generación de 1936. Miembro de la Real Academia Española y de la Hispanic Society of America desde 1962, obtuvo el Premio Cervantes en 1982 por el conjunto de su obra literaria.1

Written by miguelio

mayo 7, 2013 at 9:13 pm

Publicado en El Cosmopolita

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Galanteos Bizantinos

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si te miro, me miras
si te hablo, te acercas
si te esquivo, me incitas
si te ataco, me enfrentas
si te evito, te arrimas
si te incito, te alejas
si te sigo, me atacas
si me alejo, me dejas

Miguel Martínez Soler

Written by miguelio

enero 2, 2009 at 6:53 pm

Publicado en El Cosmopolita

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Libros digitales: ¿la muerte del papel?

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Ya hace varios años que es posible leer libros digitales en la computadora, típicamente en formato pdf. Sin embargo, cada vez que veo que voy a necesitar consultar asiduamente el contenido de algun libro que tengo cargado en la PC, lo imprimo en papel. ¿Por qué? ¡Porque es mucho más cómodo!

Isaac Asimov explica en uno de sus cuentos que el libro, tal y cual lo conocemos, es una tecnología muy difícil de superar. Para fundamentar su pensamiento enumera todas las bondades del libro impreso en papel que no presentan las versiones digitales y que son difíciles de implementar por computadoras. Algunas de estas ventajas son (puede que esté poniendo algunas de mi propia cosecha): Leer el resto de esta entrada »

Ombligos y roturas

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Sintiendo dentro de la piel me levante, algo me llamaba por ahí abajo, una especie de ardor, tenue y leve… en fin. Me toque la panza sin más… y… ¡¿qué le paso?! ¡¿Que le paso a mi ombligo?!

Gritaba sin parar, su ombligo estaba abierto, ese remolino que lo enroscaba normalmente se había desatado, no se sabe bien cómo, pero estaba abierto. Renata corría de un lado a otro, el alboroto de su piel estomacal, de su ex cordón umbilical… la desbordaba.

Intentaba paliarla, pero no lograba sino abrir el hueco… intentaba curarse, pero ese agujero no hacía más que expandirse como un chicle y estirarse como una goma de piel gruesa, como si fuera natural… como si se estuviera despellejando. Renata caía en surrealismos, no lograba entender si eso que estaba pasando era producto de su imaginación o si su imaginación lograba ver como extraño algo que a lo mejor era tan cotidiano.

Se refregó un poco los ojos, después de haberse lavado por cuarta vez la cara. Su ombligo seguía abierto y parecía que si no hacia algo ya, ese hueco la iba a envolver entera, ese agujero interior no paraba de crecer.

De pronto se animo y metió un poquito el dedo tratando de descubrir con mucho miedo, que es lo que estaba pasando debajo de su piel. Se sorprendió al encontrar un vacio, no había tripas ni músculos, no sangraba su interior, (eso la tranquilizo bastante). Se animó entonces a buscar una silla y subirse para verse en el espejo del baño, se encontró con una panza subyacente, que parecía estar esperando preparada ahí abajo, escondida ya entre retazos de piel que se perdían.

¿! ¡¡ ¿Que es esto?!! Gritaba sin parar, cayo de la silla en un ataque de intrigas y nervios. Con el ruido llegó su tía que se quedo atormentada… Renata se alivio al saberse cuerda, pero todavía no lograba estar tranquila ni segura (su tía solía hacer escándalos hasta por no encontrar los pares correspondientes de las medias.)

Entre alaridos y preguntas sin razón la tía Bea llevo a Renata a urgencias. Silencio hospital, y Renata ni así podía guardar la compostura de su desasosiego

:- !!!!! ¡¡¡¡¡Enfermera, enfermera!!!!! Se me rompió el ombligo por favor esto es una urgencia, no se da cuenta, mire ¡se rompió le digo! ¡¡Rápido por favor!! ¡¡Ayúdeme!!

:- Pase por aquí… (Le contesto tranquilamente, como si se estuviera tratando de una gripe cualquiera) el doctor Pereira la atiende en la sala de rotura de ombligo. Sala 12 y 13 por favor.

Los ojos de Renata se estaban a punto de salir. Pero necesitaba que alguien le preste atención de verdad… corrió hacia la sala 12 donde estaba el doctor.

:- ¡¡Señor Pereira por favor, mire, mire!! Exclamaba la pobre con una voz ya casi rota. ¡¡¡¡¡¡¡Mire mi panza doctor, mire mi ombligo!!!!!!!!

:- A ver. Tenés una rotura de ombligo, esto te va a molestar un poco.

De sopetón el doctor agarro de los extremos de la piel y los tiró fuertemente hasta romperlos del todo. Ya está nena; ahí tenés tu ombligo nuevo.

:- ¡¡Pero que pasó doctor, por favor, explíqueme!!

:- ¿Pero cómo qué pasó? Se te rompió el ombligo. Ahora tenés que tener mucho cuidado con este nuevo.

:- ¿Pero cómo cuidado doctor? ¿Qué está pasando?

:- Claro, ya sabes que cuando se rompe el primer ombligo el segundo hay que cuidarlo, nada de reírse ni de hacer grandes esfuerzos.

:- ¡¡Pero cómo que nada de reírme doctor!!!

:- No mi hija… nada de risas en carcajadas. Podés sonreír un poco, pero no te excedas, si te reis mucho se te va a volver a romper, y de este modelo ya no quedan más repuestos.

:- ¡Pero noooooooooooooooooooo! Doctor por favor ayúdeme…

:- Ahora tenes que pasar a la sala de higiene por favor, es esa de ahí, al lado del almacén donde se guardan las orejas.

:- Pero…

:- ¡Siguiente! Interrumpió el doctor.

Renata tenía una sensación única, nunca se había sentido más extraterrestre que en ese momento. Se hundía en pensamientos, y buscaba y rebuscaba todas las posibles causas de lo que estaba ocurriendo, pero no llegaba a hilar nada, sus ojos ya no se quedaban quietos de tanto imaginar respuestas.

:- Disculpá. La interrumpió una enfermera. La sala de higiene es por acá, toma esta manguera, el doctor dijo que tenés que asearte.

Me saque la ropa y sin querer ya estaba lavándome con la manguera. Inconscientemente estaba limpiándome el ombligo nuevo, ya estaba todo calmo, simplemente me estaba limpiando el ombligo. Seguía sin entender, pero ya no había preguntas dentro de mí.

Marian

Written by miguelio

junio 25, 2008 at 10:05 pm

El tiempo en Borges

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El tiempo, en la obra de Jorge Luis Borges, se convierte en una obsesión metafísica.
Partiendo del conocimiento borgiano sobre la temática en la tradición filosófica, tanto Occidental como Oriental, encontramos referencias explícitas a Plotino, Platón, Hume, Schopenhauer, Bradley, entre otros. Vale decir que la posición a la que apunta Borges a lo largo de su obra es la abolición del tiempo, del “horror de vivir en lo sucesivo”. Lo sucesivo, la vida que se pierde en el río de la desesperanza, es una prisión existencial. Borges acomete contra la conciencia, el yo, cuya sustancia no puede considerarse en base a la temporalidad (Hume), contra la concepción del yo como forma de la intuición pura kantiana, a saber, una especie de “molde” o posibilidad de cualquier tipo de representación interna; siguiendo con esto a Schopenhauer, para quien el tiempo es un modo de percepción, pero podría entenderse como un modo del principio de razón, de una especie de facultad “torcida”, pues no permite apreciar la idea, en sí inmutable, a la que se llega de la mano del arte y la contemaplación.

Tomemos, estas dos formas de ver el tiempo, solo a efectos de la brevedad. Para Hume el tiempo no puede percibirse, es decir, no puede ser representado por medio de la sensación, fuente de verdad; entonces, ¿qué sensación puede llevarme al tiempo? si lo único que encuentro en mí son representaciones separadas unas de otras, pero ninguna representación en sí el tiempo; por ende, el tiempo no existe, es una ilusión. Schopenhauer, en cambio, piensa que el tiempo es un modo de nuestro principio de razón, que nos sirve para poder percibir los objetos, pero no nos permite conocerlos en sí.

Borges, luego de pasar por concepciones temporales como el tiempo regresivo, el tiempo circular (en su modo del eterno retorno), llega incluso a experimentar en un paseo por Barracas un tiempo ya vivido, que quedó inmutable. En un momento el tiempo se detuvo…para caer luego en la cuenta que es inútil su abolición.

Ahora bien, sin embargo, hay una instancia en todo este devenir temporal que se va pero se queda, algo que es distinto cualitativamente del aburrido sucederse de las cosas, eso es el instante, y este instante está fuera del tiempo. Estar en la vivencia de un instante asegura, si no la eternidad, la abolición de lo sucesivo, la eliminación de la acumulación de momentos unos tras otros. Vemos, así, en una poesía que se intitula “El ápice” un momento (que podría llamarse ápice, justamente en la soledad de lo instantáneo), y su culminación apologética: “tu materia es el tiempo. Eres cada / solitario instante”. Y luego, la conservación desesperada de todos los instantes que forman una vida en sentido óptimo: “Sé que una cosa no hay, es el olvido / sé que en la eternidad perdura y arde / lo hermoso y lo preciso que he perdido / esa fragua, esa luna, aquella tarde”.

Maximilien Dacuy

Written by miguelio

febrero 26, 2008 at 8:05 pm

Publicado en Arte, Ensayo, Literatura

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TOILETTE

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   Cuando todo parecía que terminaba, algo, ahí vagando por los aires de esas cosas de la vida que no te podés creer, apareció, una soga, una oportunidad de escaparse de esa. Mejor dicho, ni siquiera escaparse, pero era la soga perfecta para salir bien parada de ahí. Pensando largos minutos interminables tratando de decidir entre hacerle caso a lo que lamentablemente sabía, por la moral que había tenido que mamar en mi casa, que era lo mejor (que nunca debería haber hecho) O hacer lo que pensaba que me iba a convertir en la peor persona.

   Lo que me proponía aquel hombre resultaba cruel, y totalmente sucio, pero sin embargo no podía dejar de pensar en lo interesante que parecía la idea.

   Cruzamos la calle, como si fuésemos dos amigos del barrio que ya sabían hasta donde había que girar, sin siquiera esperar que el otro lo hiciera. Todo parecía más que natural.

Llegamos al lugar, un poco húmedo y algo descuidado, pero no estaba tan mal como me imaginaba. Nos fumamos un cigarro, sin palabras, y de repente entró alguien. Parecía todo muy real.

   Venía directamente hacia mí, no entendía muy bien porque todos me miraban raro, yo, sin pensar demasiado quería pasar desapercibida, pero no podían dejar de mirarme, y eso me ponía un tanto nerviosa. Cuando consiguió hablar, me dijo: “Yo vine, y vas a ver como las cosas van a cambiar. Toda esta mierda se acaba en un abrir y cerrar de ojos.” Ojalá fuera tan fácil, pensé en voz alta. Me escucharon, pero de repente  nadie dijo nada, hacían de cuenta que no estaba.; que yo, solo yo, era la causa por la que todos estaban ahí, pero paradójicamente parecía invisible.

   El plan era casi perfecto y yo, era un vil instrumento. No me habían elegido por mi capacidad ya que muchas veces me consideraba un hombre bastante inútil. Un tal Ernesto elegido porque era la ficha de ajedrez perfecta, podía hacer un jaque mate magistral. Sin embargo el plan era perfecto, pero ¿podemos acaso llamarle plan a algo que irremediablemente tiene que suceder? Sea como sea, el plan estaba cerrado. Por supuesto que en esa piel tan delicada, tan fina, no había huella de mácula, ni la habrá. Será todo muy simple, muy delicado como su piel, como la piel que rodea su garganta tan…cómo decirlo. Una piel debajo de la pera que no deja de llamarme, una y otra vez su perfil me interpela, me sigue. Y, aunque esté nerviosa, ya vamos a ver…

   Me quiero quedar, sea lo que sea. Tengo ganas de ir al baño pero me quedo. El toilette está cruzando de parte a parte del lugar, que parece no estar hecho más que por ojos, petrificados e inquietos. No me dejan. Es raro. Tal vez no, siempre tuve algo de paranoica y maníaca, pero no tanto.

   La verdad que…siento algo. No estoy más en el mismo sitio y no siento las piernas. Un dolor profundo, intenso. No doy más, la piel parece, aunque no hay forma de tocarme, lacerada, como si estuviese quemada al rojo vivo. Y no veo nada…sólo siento el cuello. Te siento en el cuello, en la garganta…“¡Ernesto!”

   “La cuerda, mi vida, no hace nada…por ahora no hace nada.”

Marian Cotorruelo
Maximilien Dacuy

Written by miguelio

febrero 15, 2008 at 6:46 pm

NO MESSAGES

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¡No voy a soportarlo! ¡No!
Tanto esfuerzo empedernido
Para que ni a olvido se parezca
Este negarse y negarse y luego
Esperar que no aparezcas.

¡Y aparezcas! Y preguntes:
“¿Max, cómo estás?”
“No te enojes…conmigo”
“No fue mi intención, no fue”
“Qué hacés, Max, el domingo”

Palabras donde no hay noche
Ni sexo, placer, grito
Ni qué contarme a hurtadillas
En la madrugada insomne:
“No puedo dormir de pensarte…y son las cinco”

¡No aparezcas! ¡No! Ni de noche.
Ni en Boedo, caminando. En la niebla
No quiero distinguirte aunque me salves.
Ni aeroparque nos recuerda. No vengas
Para que nunca más escriba esta miseria
De beso y llanto, de quebranto.
No quiero nada tuyo.
No quiero…Y…
Te extraño.
¡Tanto!

Maximilien Dacuy
14/02/08

Written by miguelio

febrero 14, 2008 at 2:10 pm