El Cosmopolita

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Ombligos y roturas

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Sintiendo dentro de la piel me levante, algo me llamaba por ahí abajo, una especie de ardor, tenue y leve… en fin. Me toque la panza sin más… y… ¡¿qué le paso?! ¡¿Que le paso a mi ombligo?!

Gritaba sin parar, su ombligo estaba abierto, ese remolino que lo enroscaba normalmente se había desatado, no se sabe bien cómo, pero estaba abierto. Renata corría de un lado a otro, el alboroto de su piel estomacal, de su ex cordón umbilical… la desbordaba.

Intentaba paliarla, pero no lograba sino abrir el hueco… intentaba curarse, pero ese agujero no hacía más que expandirse como un chicle y estirarse como una goma de piel gruesa, como si fuera natural… como si se estuviera despellejando. Renata caía en surrealismos, no lograba entender si eso que estaba pasando era producto de su imaginación o si su imaginación lograba ver como extraño algo que a lo mejor era tan cotidiano.

Se refregó un poco los ojos, después de haberse lavado por cuarta vez la cara. Su ombligo seguía abierto y parecía que si no hacia algo ya, ese hueco la iba a envolver entera, ese agujero interior no paraba de crecer.

De pronto se animo y metió un poquito el dedo tratando de descubrir con mucho miedo, que es lo que estaba pasando debajo de su piel. Se sorprendió al encontrar un vacio, no había tripas ni músculos, no sangraba su interior, (eso la tranquilizo bastante). Se animó entonces a buscar una silla y subirse para verse en el espejo del baño, se encontró con una panza subyacente, que parecía estar esperando preparada ahí abajo, escondida ya entre retazos de piel que se perdían.

¿! ¡¡ ¿Que es esto?!! Gritaba sin parar, cayo de la silla en un ataque de intrigas y nervios. Con el ruido llegó su tía que se quedo atormentada… Renata se alivio al saberse cuerda, pero todavía no lograba estar tranquila ni segura (su tía solía hacer escándalos hasta por no encontrar los pares correspondientes de las medias.)

Entre alaridos y preguntas sin razón la tía Bea llevo a Renata a urgencias. Silencio hospital, y Renata ni así podía guardar la compostura de su desasosiego

:- !!!!! ¡¡¡¡¡Enfermera, enfermera!!!!! Se me rompió el ombligo por favor esto es una urgencia, no se da cuenta, mire ¡se rompió le digo! ¡¡Rápido por favor!! ¡¡Ayúdeme!!

:- Pase por aquí… (Le contesto tranquilamente, como si se estuviera tratando de una gripe cualquiera) el doctor Pereira la atiende en la sala de rotura de ombligo. Sala 12 y 13 por favor.

Los ojos de Renata se estaban a punto de salir. Pero necesitaba que alguien le preste atención de verdad… corrió hacia la sala 12 donde estaba el doctor.

:- ¡¡Señor Pereira por favor, mire, mire!! Exclamaba la pobre con una voz ya casi rota. ¡¡¡¡¡¡¡Mire mi panza doctor, mire mi ombligo!!!!!!!!

:- A ver. Tenés una rotura de ombligo, esto te va a molestar un poco.

De sopetón el doctor agarro de los extremos de la piel y los tiró fuertemente hasta romperlos del todo. Ya está nena; ahí tenés tu ombligo nuevo.

:- ¡¡Pero que pasó doctor, por favor, explíqueme!!

:- ¿Pero cómo qué pasó? Se te rompió el ombligo. Ahora tenés que tener mucho cuidado con este nuevo.

:- ¿Pero cómo cuidado doctor? ¿Qué está pasando?

:- Claro, ya sabes que cuando se rompe el primer ombligo el segundo hay que cuidarlo, nada de reírse ni de hacer grandes esfuerzos.

:- ¡¡Pero cómo que nada de reírme doctor!!!

:- No mi hija… nada de risas en carcajadas. Podés sonreír un poco, pero no te excedas, si te reis mucho se te va a volver a romper, y de este modelo ya no quedan más repuestos.

:- ¡Pero noooooooooooooooooooo! Doctor por favor ayúdeme…

:- Ahora tenes que pasar a la sala de higiene por favor, es esa de ahí, al lado del almacén donde se guardan las orejas.

:- Pero…

:- ¡Siguiente! Interrumpió el doctor.

Renata tenía una sensación única, nunca se había sentido más extraterrestre que en ese momento. Se hundía en pensamientos, y buscaba y rebuscaba todas las posibles causas de lo que estaba ocurriendo, pero no llegaba a hilar nada, sus ojos ya no se quedaban quietos de tanto imaginar respuestas.

:- Disculpá. La interrumpió una enfermera. La sala de higiene es por acá, toma esta manguera, el doctor dijo que tenés que asearte.

Me saque la ropa y sin querer ya estaba lavándome con la manguera. Inconscientemente estaba limpiándome el ombligo nuevo, ya estaba todo calmo, simplemente me estaba limpiando el ombligo. Seguía sin entender, pero ya no había preguntas dentro de mí.

Marian

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Written by miguelio

junio 25, 2008 at 10:05 pm