El Cosmopolita

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Viaje a Marte

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Acabo de ver el corto “Viaje a Marte” de Juan Pablo Zaramella por Encuentro.

Por suerte lo encontré en YouTube para poder verlo de nuevo y compartirlo con Uds.

Es genial! Cuando termine el primer video sigan con el de abajo.

Duración: ~15 min.

Written by miguelio

septiembre 7, 2008 at 12:56 pm

Ombligos y roturas

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Sintiendo dentro de la piel me levante, algo me llamaba por ahí abajo, una especie de ardor, tenue y leve… en fin. Me toque la panza sin más… y… ¡¿qué le paso?! ¡¿Que le paso a mi ombligo?!

Gritaba sin parar, su ombligo estaba abierto, ese remolino que lo enroscaba normalmente se había desatado, no se sabe bien cómo, pero estaba abierto. Renata corría de un lado a otro, el alboroto de su piel estomacal, de su ex cordón umbilical… la desbordaba.

Intentaba paliarla, pero no lograba sino abrir el hueco… intentaba curarse, pero ese agujero no hacía más que expandirse como un chicle y estirarse como una goma de piel gruesa, como si fuera natural… como si se estuviera despellejando. Renata caía en surrealismos, no lograba entender si eso que estaba pasando era producto de su imaginación o si su imaginación lograba ver como extraño algo que a lo mejor era tan cotidiano.

Se refregó un poco los ojos, después de haberse lavado por cuarta vez la cara. Su ombligo seguía abierto y parecía que si no hacia algo ya, ese hueco la iba a envolver entera, ese agujero interior no paraba de crecer.

De pronto se animo y metió un poquito el dedo tratando de descubrir con mucho miedo, que es lo que estaba pasando debajo de su piel. Se sorprendió al encontrar un vacio, no había tripas ni músculos, no sangraba su interior, (eso la tranquilizo bastante). Se animó entonces a buscar una silla y subirse para verse en el espejo del baño, se encontró con una panza subyacente, que parecía estar esperando preparada ahí abajo, escondida ya entre retazos de piel que se perdían.

¿! ¡¡ ¿Que es esto?!! Gritaba sin parar, cayo de la silla en un ataque de intrigas y nervios. Con el ruido llegó su tía que se quedo atormentada… Renata se alivio al saberse cuerda, pero todavía no lograba estar tranquila ni segura (su tía solía hacer escándalos hasta por no encontrar los pares correspondientes de las medias.)

Entre alaridos y preguntas sin razón la tía Bea llevo a Renata a urgencias. Silencio hospital, y Renata ni así podía guardar la compostura de su desasosiego

:- !!!!! ¡¡¡¡¡Enfermera, enfermera!!!!! Se me rompió el ombligo por favor esto es una urgencia, no se da cuenta, mire ¡se rompió le digo! ¡¡Rápido por favor!! ¡¡Ayúdeme!!

:- Pase por aquí… (Le contesto tranquilamente, como si se estuviera tratando de una gripe cualquiera) el doctor Pereira la atiende en la sala de rotura de ombligo. Sala 12 y 13 por favor.

Los ojos de Renata se estaban a punto de salir. Pero necesitaba que alguien le preste atención de verdad… corrió hacia la sala 12 donde estaba el doctor.

:- ¡¡Señor Pereira por favor, mire, mire!! Exclamaba la pobre con una voz ya casi rota. ¡¡¡¡¡¡¡Mire mi panza doctor, mire mi ombligo!!!!!!!!

:- A ver. Tenés una rotura de ombligo, esto te va a molestar un poco.

De sopetón el doctor agarro de los extremos de la piel y los tiró fuertemente hasta romperlos del todo. Ya está nena; ahí tenés tu ombligo nuevo.

:- ¡¡Pero que pasó doctor, por favor, explíqueme!!

:- ¿Pero cómo qué pasó? Se te rompió el ombligo. Ahora tenés que tener mucho cuidado con este nuevo.

:- ¿Pero cómo cuidado doctor? ¿Qué está pasando?

:- Claro, ya sabes que cuando se rompe el primer ombligo el segundo hay que cuidarlo, nada de reírse ni de hacer grandes esfuerzos.

:- ¡¡Pero cómo que nada de reírme doctor!!!

:- No mi hija… nada de risas en carcajadas. Podés sonreír un poco, pero no te excedas, si te reis mucho se te va a volver a romper, y de este modelo ya no quedan más repuestos.

:- ¡Pero noooooooooooooooooooo! Doctor por favor ayúdeme…

:- Ahora tenes que pasar a la sala de higiene por favor, es esa de ahí, al lado del almacén donde se guardan las orejas.

:- Pero…

:- ¡Siguiente! Interrumpió el doctor.

Renata tenía una sensación única, nunca se había sentido más extraterrestre que en ese momento. Se hundía en pensamientos, y buscaba y rebuscaba todas las posibles causas de lo que estaba ocurriendo, pero no llegaba a hilar nada, sus ojos ya no se quedaban quietos de tanto imaginar respuestas.

:- Disculpá. La interrumpió una enfermera. La sala de higiene es por acá, toma esta manguera, el doctor dijo que tenés que asearte.

Me saque la ropa y sin querer ya estaba lavándome con la manguera. Inconscientemente estaba limpiándome el ombligo nuevo, ya estaba todo calmo, simplemente me estaba limpiando el ombligo. Seguía sin entender, pero ya no había preguntas dentro de mí.

Marian

Written by miguelio

junio 25, 2008 at 10:05 pm

TOILETTE

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   Cuando todo parecía que terminaba, algo, ahí vagando por los aires de esas cosas de la vida que no te podés creer, apareció, una soga, una oportunidad de escaparse de esa. Mejor dicho, ni siquiera escaparse, pero era la soga perfecta para salir bien parada de ahí. Pensando largos minutos interminables tratando de decidir entre hacerle caso a lo que lamentablemente sabía, por la moral que había tenido que mamar en mi casa, que era lo mejor (que nunca debería haber hecho) O hacer lo que pensaba que me iba a convertir en la peor persona.

   Lo que me proponía aquel hombre resultaba cruel, y totalmente sucio, pero sin embargo no podía dejar de pensar en lo interesante que parecía la idea.

   Cruzamos la calle, como si fuésemos dos amigos del barrio que ya sabían hasta donde había que girar, sin siquiera esperar que el otro lo hiciera. Todo parecía más que natural.

Llegamos al lugar, un poco húmedo y algo descuidado, pero no estaba tan mal como me imaginaba. Nos fumamos un cigarro, sin palabras, y de repente entró alguien. Parecía todo muy real.

   Venía directamente hacia mí, no entendía muy bien porque todos me miraban raro, yo, sin pensar demasiado quería pasar desapercibida, pero no podían dejar de mirarme, y eso me ponía un tanto nerviosa. Cuando consiguió hablar, me dijo: “Yo vine, y vas a ver como las cosas van a cambiar. Toda esta mierda se acaba en un abrir y cerrar de ojos.” Ojalá fuera tan fácil, pensé en voz alta. Me escucharon, pero de repente  nadie dijo nada, hacían de cuenta que no estaba.; que yo, solo yo, era la causa por la que todos estaban ahí, pero paradójicamente parecía invisible.

   El plan era casi perfecto y yo, era un vil instrumento. No me habían elegido por mi capacidad ya que muchas veces me consideraba un hombre bastante inútil. Un tal Ernesto elegido porque era la ficha de ajedrez perfecta, podía hacer un jaque mate magistral. Sin embargo el plan era perfecto, pero ¿podemos acaso llamarle plan a algo que irremediablemente tiene que suceder? Sea como sea, el plan estaba cerrado. Por supuesto que en esa piel tan delicada, tan fina, no había huella de mácula, ni la habrá. Será todo muy simple, muy delicado como su piel, como la piel que rodea su garganta tan…cómo decirlo. Una piel debajo de la pera que no deja de llamarme, una y otra vez su perfil me interpela, me sigue. Y, aunque esté nerviosa, ya vamos a ver…

   Me quiero quedar, sea lo que sea. Tengo ganas de ir al baño pero me quedo. El toilette está cruzando de parte a parte del lugar, que parece no estar hecho más que por ojos, petrificados e inquietos. No me dejan. Es raro. Tal vez no, siempre tuve algo de paranoica y maníaca, pero no tanto.

   La verdad que…siento algo. No estoy más en el mismo sitio y no siento las piernas. Un dolor profundo, intenso. No doy más, la piel parece, aunque no hay forma de tocarme, lacerada, como si estuviese quemada al rojo vivo. Y no veo nada…sólo siento el cuello. Te siento en el cuello, en la garganta…“¡Ernesto!”

   “La cuerda, mi vida, no hace nada…por ahora no hace nada.”

Marian Cotorruelo
Maximilien Dacuy

Written by miguelio

febrero 15, 2008 at 6:46 pm

El Vuelo

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Su perfume me llevó a la terraza y allí quedé, observándola desde un rincón obscuro.

La tenue luz de la noche proyectaba su imagen cetrina. La brisa adornaba de pliegues su largo camisón acariciando su fina figura. El pelo, inefable, escondía los ojos rebosantes de tristeza mientras caminaba lentamente hacia la barandilla.

Tomó con una mano una copa entre sus dedos trémulos y con la otra escanció el vino que bebió a sorbos, lentamente, con la mirada perdida en el abismo. A poco de haber terminado, tornó su cuerpo repentinamente hacia mí y cayó al suelo en cuclillas, estallando en sollozos.

Cuando al fin se hubo calmado, sacó un cigarrillo al que dio lumbre y fumó en cortas pitadas. El humo ascendía en retorcidas volutas mientras yo la contemplaba inerte. Nada parecía conmoverme.

Al fin se puso de pie resueltamente, subió a la barandilla y giro su cuerpo hacia fuera, sosteniéndose por sus pies en la base y sus manos en el borde. No sé cuanto tiempo la vi en esa posición, inmóvil, tanto que la brisa parecía hablarle en susurros. Cuando se hubo decidido, cerro los ojos con fuerza, como si quisiera mirar hacia dentro, y luego de un largo suspiro se dejo caer. Me incorporé corriendo y alcancé a verla, cayendo al infinito.

Entonces me inundó la culpa y no pude dejar de pensar en que pude haberlo evitado. Quizás debí detenerla cuando ella tomó la decisión final. Quizás debí hablarle un poco antes. Quizás no debí…

Era tarde. Cuando desperté, ya no estaba conmigo…

Written by miguelio

julio 22, 2007 at 9:14 pm

Publicado en Arte, Cuento, Literatura

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