El Cosmopolita

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Posts Tagged ‘Cuento breve

TOILETTE

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   Cuando todo parecía que terminaba, algo, ahí vagando por los aires de esas cosas de la vida que no te podés creer, apareció, una soga, una oportunidad de escaparse de esa. Mejor dicho, ni siquiera escaparse, pero era la soga perfecta para salir bien parada de ahí. Pensando largos minutos interminables tratando de decidir entre hacerle caso a lo que lamentablemente sabía, por la moral que había tenido que mamar en mi casa, que era lo mejor (que nunca debería haber hecho) O hacer lo que pensaba que me iba a convertir en la peor persona.

   Lo que me proponía aquel hombre resultaba cruel, y totalmente sucio, pero sin embargo no podía dejar de pensar en lo interesante que parecía la idea.

   Cruzamos la calle, como si fuésemos dos amigos del barrio que ya sabían hasta donde había que girar, sin siquiera esperar que el otro lo hiciera. Todo parecía más que natural.

Llegamos al lugar, un poco húmedo y algo descuidado, pero no estaba tan mal como me imaginaba. Nos fumamos un cigarro, sin palabras, y de repente entró alguien. Parecía todo muy real.

   Venía directamente hacia mí, no entendía muy bien porque todos me miraban raro, yo, sin pensar demasiado quería pasar desapercibida, pero no podían dejar de mirarme, y eso me ponía un tanto nerviosa. Cuando consiguió hablar, me dijo: “Yo vine, y vas a ver como las cosas van a cambiar. Toda esta mierda se acaba en un abrir y cerrar de ojos.” Ojalá fuera tan fácil, pensé en voz alta. Me escucharon, pero de repente  nadie dijo nada, hacían de cuenta que no estaba.; que yo, solo yo, era la causa por la que todos estaban ahí, pero paradójicamente parecía invisible.

   El plan era casi perfecto y yo, era un vil instrumento. No me habían elegido por mi capacidad ya que muchas veces me consideraba un hombre bastante inútil. Un tal Ernesto elegido porque era la ficha de ajedrez perfecta, podía hacer un jaque mate magistral. Sin embargo el plan era perfecto, pero ¿podemos acaso llamarle plan a algo que irremediablemente tiene que suceder? Sea como sea, el plan estaba cerrado. Por supuesto que en esa piel tan delicada, tan fina, no había huella de mácula, ni la habrá. Será todo muy simple, muy delicado como su piel, como la piel que rodea su garganta tan…cómo decirlo. Una piel debajo de la pera que no deja de llamarme, una y otra vez su perfil me interpela, me sigue. Y, aunque esté nerviosa, ya vamos a ver…

   Me quiero quedar, sea lo que sea. Tengo ganas de ir al baño pero me quedo. El toilette está cruzando de parte a parte del lugar, que parece no estar hecho más que por ojos, petrificados e inquietos. No me dejan. Es raro. Tal vez no, siempre tuve algo de paranoica y maníaca, pero no tanto.

   La verdad que…siento algo. No estoy más en el mismo sitio y no siento las piernas. Un dolor profundo, intenso. No doy más, la piel parece, aunque no hay forma de tocarme, lacerada, como si estuviese quemada al rojo vivo. Y no veo nada…sólo siento el cuello. Te siento en el cuello, en la garganta…“¡Ernesto!”

   “La cuerda, mi vida, no hace nada…por ahora no hace nada.”

Marian Cotorruelo
Maximilien Dacuy

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Written by miguelio

febrero 15, 2008 at 6:46 pm

El Vuelo

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Su perfume me llevó a la terraza y allí quedé, observándola desde un rincón obscuro.

La tenue luz de la noche proyectaba su imagen cetrina. La brisa adornaba de pliegues su largo camisón acariciando su fina figura. El pelo, inefable, escondía los ojos rebosantes de tristeza mientras caminaba lentamente hacia la barandilla.

Tomó con una mano una copa entre sus dedos trémulos y con la otra escanció el vino que bebió a sorbos, lentamente, con la mirada perdida en el abismo. A poco de haber terminado, tornó su cuerpo repentinamente hacia mí y cayó al suelo en cuclillas, estallando en sollozos.

Cuando al fin se hubo calmado, sacó un cigarrillo al que dio lumbre y fumó en cortas pitadas. El humo ascendía en retorcidas volutas mientras yo la contemplaba inerte. Nada parecía conmoverme.

Al fin se puso de pie resueltamente, subió a la barandilla y giro su cuerpo hacia fuera, sosteniéndose por sus pies en la base y sus manos en el borde. No sé cuanto tiempo la vi en esa posición, inmóvil, tanto que la brisa parecía hablarle en susurros. Cuando se hubo decidido, cerro los ojos con fuerza, como si quisiera mirar hacia dentro, y luego de un largo suspiro se dejo caer. Me incorporé corriendo y alcancé a verla, cayendo al infinito.

Entonces me inundó la culpa y no pude dejar de pensar en que pude haberlo evitado. Quizás debí detenerla cuando ella tomó la decisión final. Quizás debí hablarle un poco antes. Quizás no debí…

Era tarde. Cuando desperté, ya no estaba conmigo…

Written by miguelio

julio 22, 2007 at 9:14 pm

Publicado en Arte, Cuento, Literatura

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