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El tiempo en Borges

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El tiempo, en la obra de Jorge Luis Borges, se convierte en una obsesión metafísica.
Partiendo del conocimiento borgiano sobre la temática en la tradición filosófica, tanto Occidental como Oriental, encontramos referencias explícitas a Plotino, Platón, Hume, Schopenhauer, Bradley, entre otros. Vale decir que la posición a la que apunta Borges a lo largo de su obra es la abolición del tiempo, del “horror de vivir en lo sucesivo”. Lo sucesivo, la vida que se pierde en el río de la desesperanza, es una prisión existencial. Borges acomete contra la conciencia, el yo, cuya sustancia no puede considerarse en base a la temporalidad (Hume), contra la concepción del yo como forma de la intuición pura kantiana, a saber, una especie de “molde” o posibilidad de cualquier tipo de representación interna; siguiendo con esto a Schopenhauer, para quien el tiempo es un modo de percepción, pero podría entenderse como un modo del principio de razón, de una especie de facultad “torcida”, pues no permite apreciar la idea, en sí inmutable, a la que se llega de la mano del arte y la contemaplación.

Tomemos, estas dos formas de ver el tiempo, solo a efectos de la brevedad. Para Hume el tiempo no puede percibirse, es decir, no puede ser representado por medio de la sensación, fuente de verdad; entonces, ¿qué sensación puede llevarme al tiempo? si lo único que encuentro en mí son representaciones separadas unas de otras, pero ninguna representación en sí el tiempo; por ende, el tiempo no existe, es una ilusión. Schopenhauer, en cambio, piensa que el tiempo es un modo de nuestro principio de razón, que nos sirve para poder percibir los objetos, pero no nos permite conocerlos en sí.

Borges, luego de pasar por concepciones temporales como el tiempo regresivo, el tiempo circular (en su modo del eterno retorno), llega incluso a experimentar en un paseo por Barracas un tiempo ya vivido, que quedó inmutable. En un momento el tiempo se detuvo…para caer luego en la cuenta que es inútil su abolición.

Ahora bien, sin embargo, hay una instancia en todo este devenir temporal que se va pero se queda, algo que es distinto cualitativamente del aburrido sucederse de las cosas, eso es el instante, y este instante está fuera del tiempo. Estar en la vivencia de un instante asegura, si no la eternidad, la abolición de lo sucesivo, la eliminación de la acumulación de momentos unos tras otros. Vemos, así, en una poesía que se intitula “El ápice” un momento (que podría llamarse ápice, justamente en la soledad de lo instantáneo), y su culminación apologética: “tu materia es el tiempo. Eres cada / solitario instante”. Y luego, la conservación desesperada de todos los instantes que forman una vida en sentido óptimo: “Sé que una cosa no hay, es el olvido / sé que en la eternidad perdura y arde / lo hermoso y lo preciso que he perdido / esa fragua, esa luna, aquella tarde”.

Maximilien Dacuy
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Written by miguelio

febrero 26, 2008 a 8:05 pm

Publicado en Arte, Ensayo, Literatura

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Una respuesta

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  1. bueno quria decir muy bueno el texto.
    despues me tenes que dar recomendaciones
    jaja maximilian???

    juan

    febrero 26, 2008 at 11:33 pm


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