El Cosmopolita

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El conocimiento y el utilitarismo

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El hombre ha recorrido 5000 años de historia, descubriendo el mundo a su paso. Hoy, si embargo, cuando debería comprender la trascendencia de los logros obtenidos y proyectarse de igual forma hacia el futuro, se encierra en el cortoplazismo de lo práctico, de lo útil para el “ya”, para el “ahora”.

Actualizado 01-02-2007

El otro día le comenté a un amigo que otro amigo mio era paleontólogo. Me miró extrañadamente y me preguntó qué era exactamente lo que hacía.

Expliqué someramente en que consistía su trabajo: que era becario del CONICET y estaba haciendo el doctorado sobre la flora del cretácico en la cuenca neuquina. Como se imaginarán, mis explicaciones no contribuyeron en absoluto a despejar sus dudas. Lo único que recibí como respuesta fue una cara de sincera incomprensión mientras preguntaba “¿Y para qué hacen eso?”.

— Bueno, para investigar y producir nuevo conocimiento —respondí— ¿Pero para qué sirve? —replicó mi amigo. No seguí la discusión; no recuerdo cómo logré pasar a otro tema. Realmente me sentía muy incómodo enfrentando ese problema y no era la primera vez que se me presentaba.

La discusión quedó dando vueltas en mi cabeza por unas semanas y como me di cuenta de que es un tema recurrente en mis conversaciones, decidí que tenía que escribir lo que pienso al respecto.

El mundo se ha vuelto tan utilitarista en los últimos tiempos que nadie concibe que otra persona haga cualquier cosa sin que tenga una utilidad concreta e inmediata. Sobre todo inmediata. Me encuentro mucha gente por ahí que no entiende como puede haber personas que hoy, en pleno siglo XXI, estudien latín, decifren jeroglíficos egipcios o se dediquen a estudiar las momias precolombinas en el Perú.

“¿Para qué?” dicen. ¿Para qué estudiamos estrellas que están a miles de millones de años luz, hacemos viajes a la Luna y proyectamos viajes a Marte para el 2050? Todo eso no tiene una aplicación concreta. No da nada útil en el corto plazo y por lo tanto, no sirve. El utilitarismo es así de tajante. Si no sirve, no se debería hacer. Es una pérdida de tiempo, y el tiempo es oro.

Esa misma gente que opina de forma tan utilitarista se levanta todos los lunes a las ocho de la mañana, desayuna y va a trabajar. Son contadores, abogados, ingenieros, empleados de oficina, obreros que día a día unen sus fuerzas para mover la humanidad. ¿Hacia dónde?

Construyamos un ejemplo; hablemos de Martín: Martín es un ingeniero que diseña máquinas de envasado para una compañía que las produce y vende. Las máquinas de envasado que Martín diseña sirven para envasar bebidas, juguetes, comestibles y muchas cosas mas. ¡Eso sin lugar a dudas es esfuerzo útil!. Si no fuera por la gente que diseñó esas máquinas, el público seguiría comprando productos a granel en los almacenes.

Pero si vamos un poco más allá y nos preguntamos de que se vale Martín para realizar su trabajo, puede que reconozcamos otro tipo de trabajo igualmente útil y quizas más importante, porque representa el trabajo de miles de personas. Martín, para poder diseñar sus ingenios se vale del conocimiento. El conocimiento no es sólo una cualidad que se adquiere en las escuelas y universidades, se compra en librerías, o se toma prestada en bibliotecas. Es el producto de miles de años de trabajo humano. De escribas egipcios registrando métodos para construir monumentos; de griegos desarrollando la filosofía, la geometría y las matemáticas; de monjes medievales copiando cuanto manuscrito pudieran encontrar para evitar su desaparición.

Miremos por un momento hacia atrás y veamos qué camino ha recorrido la humanidad en los 5000 años de historia que lleva. ¿Dónde estaríamos ahora si personas como Pitágoras, Galileo o Kepler no hubieran dejado de lado la preocupación de hacer cosas consideradas útiles en su tiempo, para dedicarse a resolver los problemas que aquejaban sus mentes?

¿Qué hubiera sido del mundo si Newton no hubiera publicado sus trabajos que mantenía en secreto? Newton no perseguía ningún fin práctico, mas allá de las aplicaciones que se desencadenaron a partir de sus descubrimientos. Lo único que lo movía era el deseo de comprender el mundo que lo rodeaba; esa inclinación natural hacia la curiosidad que tienen todos los hombres.

Es muy importante hacer cosas que sirvan a los demás, tan importante como hacer cosas que nos muevan hacia alguna dirección; que tengan un sentido. Pero ahora que lo pienso un poco, los grandes saltos en las ciencias se dieron por descubrimientos accidentales, no por investigaciones guiadas. Entonces, ¿cómo podemos censurar el trabajo de un investigador sólo porque no veremos resultados prácticos en el brevisimo lapso insignificante e irrisorio de una vida humana?

Miguel Martínez Soler

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Written by miguelio

enero 26, 2008 a 2:02 am

Una respuesta

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  1. laverdad el tiempo que se ha recorrido ha sido mucho, sabemos que todo ha sido un proceso que nada se ha dado asì por asì ahora todos podemos saber como cuando ocurren las cosas

    julioarnulfozetomorales

    septiembre 1, 2009 at 5:22 pm


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